Hoy en River Plate despedimos un ciclo

 El Más Grande este jueves a las 19,30 recibirá en el Monumental a Banfield por la 7ª fecha del Apertura 2026 en lo que será la despedida de Gallardo en su segunda etapa como técnico de River que empezó el 5 de agosto de 2024 despertando la ilusión del pueblo riverplatense y que culmina en una decepcionante frustración.

Tal es así que el Millo tiene la obligación de volver a ganar ya que en la tabla de la zona B del certamen local marcha 10ª a 8 puntos de los primeros y fuera de la zona de clasificación a la instancia de play off.

Tabla de posiciones Zona B

Por otro lado en la tabla anual, donde se suman los puntos acumulados en las etapas regulares de los dos torneos de primera división para clasificar a los certámenes continentales, River se encuentra en este momento en la posición 22º muy alejado de los puestos que permiten obtener el acceso a las copas internacionales.
Por eso este jueves River no sólo tiene la obligación e dar vuelta a una página nefasta, sino tiene la obligación de ganar para enfocar con expectativas el futuro.

Tras el entrenamiento que se llevó a cabo este miércoles en el Monumental Gallardo por última vez definió quienes son los 25 convocados que quedará concentrados para el cruce mañana con Banfield suplentes.

Lista de convocados

Se destacan las ausencias de Franco Armani y Juanfer Quintero. El primero sufrió una tendinitis aquílea derecha, la cual lo obligó a dejar su lugar en el entretiempo del partido ante Vélez y por otro lado el cafetero es baja por tres semanas a raiz de un desgarro grado en el bíceps femoral derecho también contra el Fortín.

En cuanto a los regresos, Marcos Acuña volvió a ser convocado tras perderse dos juegos consecutivos por un cuadro gripal y otro que regresa es Cristian Jaime, quien se destacó en Reserva quien retorna a la convocatoria del primer equipo tras seis partidos.

A su vez el pibe ecuatoriano Kendry Páez es una de las sorpresas de la nómina ya que se esperaba que causara baja por un esguince acromioclavicular izquierdo pero evolucionó favorablemente y por eso estará disponible. 

En el Millo, ante las ausencias por lesiones y el bajo nivel de algunos futbolistas, habrá modificaciones para enfrentar al Taladro.

El arco volverá a estar custodiado por Santiago Beltrán, mientras que en la línea de fondo Gonzalo Montiel y Martínez Quarta repetirán titularidad, pero en el lado izquierdo de la zaga central aparece la duda entre Paulo Díaz o Lautaro Rivero y sobre el laleral izquierdo Acuña regresará para reemplazar a Viña.
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El medio campo volvería a estar conformado por Aníbal Moreno, Fausto Vera y Tomás Galván, mientras que más adelante, ante la ausencia de Quintero, Gallardo debe definir quién hará de enlace. Uno de los candidatos es Santiago Lencina, mientras que otra opción es que Driussi haga de enlace y deje un lugar en la delantera para Subiabre o Salas.

Joaquín Freitas

En la línea de ataque hay otra duda que parece tener un claro favorito: Facundo Colidio o Joaquín Freitas. El primero lleva tiempo sin estar a la altura, mientras que el pibe tuvo ingresos más que interesantes en los últimos dos partidos y todo indica que la balanza se inclinaría para el lado del joven de 19 años.

La posible formación
Santiago Beltrán; Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta, Paulo Díaz o Lautaro Rivero y Marcos Acuña; Fausto Vera, Aníbal Moreno y Tomás Galván; Santiago Lencina o Ian Subiabre; Sebastián Driussi y Facundo Colidio o Joaquín Freitas.

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Gallardo renunció y ahora ¿cómo se sigue?

Tras la tercera derrota consecutiva por el Torneo Apertura el técnico Gallardo decidió  renunciar como director técnico del club. a pesar que tenía contrato hasta fin de año, debido a los malos resultados y al flojo rendimiento del equipo cerrándose así su segundo ciclo en el club que comenzó el 5 de agosto de 2024-

El director técnico se va de River porque se quedó sin recursos y sintió que ya no podía arreglar todo lo desandado desde que retornó al Monumental para repetir la grandeza de su primer ciclo sin embargo ahora eligió retirarse en silencio y con única  modesta pretensión de recibir un cálido aplauso en su despedida.

Hace unos días, tras eliminar a Ciudad de Bolívar de la Copa Argentina en San Luis, había manifestado estar convencido de poder revertir la situación y que todavía contaba con herramientas para lograrlo. Sin embargo, no había sido la única vez que se refería a su futuro como entrenador, ya que el Millonario viene en caída desde el segundo semestre del año pasado y hubo varios golpes que estuvieron cerca de derribarlo, pero en esos momentos prefirió quedarse.

“Todos en River, las tres patas, cuerpo tecnico, jugadores y dirigentes, estamos convencidos del rumbo para este año. Queremos que el equipo represente al hincha, tenemos mucho deseo de que ocurra, que vuelva a contagiarse del equipo, estamos en esa búsqueda”, había dicho. Las tres derrotas consecutivas por el Torneo Apertura fueron un mazazo y optó por anunciar su salida que no se da como todos esperaban, pero claramente era lo más sano que podía suceder. 

El problema no pasó por las tres caídas consecutivas ante Tigre, Argentinos y Vélez. Viene de mucho más lejos. Desde que volvió al club, Gallardo no tuvo ningún acierto. O al menos, nunca se le dieron los resultados. Jamás consiguió que sus equipos se hicieran respetar.

En esta seguidilla de frustraciones, su responsabilidad siempre quedó dibujada con trazos muy nítidos. No sólo porque fue él quien eligió los jugadores y definió los planteos para cada partido sino porque además, tuvo la última palabra del fútbol riverplatense. Para volver a River, Gallardo exigió el poder total. Y los presidentes Jorge Brito y Stéfano Cozza Di Carlo, se lo concedieron. 

Fue Gallardo quien dispuso las altas y bajas del plantel. Si River invirtió en refuerzos casi 80 millones de euros en los cuatro últimos mercados de pases y dio de baja dos docenas de jugadores y una decena de juveniles fue porque así lo dispuso Gallardo. Nadie más que él.

Sin embargo, su River jamás arrancó. Quedó dicho alguna vez pero ahora vale la pena reiterarlo: lo viejo no funcionó y lo nuevo, tampoco. Ninguno de los futbolistas a los que les prometió un destino triunfal y les pagó contratos a valor europeo, le dieron un salto de calidad. A ninguno lo pudo mejorar. Como manager se encaprichó con algunas contrataciones. Como técnico, no transmitió nada.

Todo lo que jugó en estos dos años (torneos Apertura y Clausura, Mundial de Clubes, Copa Libertadores y Copa Argentina) lo perdió. Y las tres derrotas de 2026 (doce en los últimos veinte partidos) han dejado al equipo por ahora fuera de los ocho primeros de su zona. Lo que equivale a decir que si los playoffs del Apertura comenzaran esta semana, River los estaría mirando desde afuera.

Cualquier otro entrenador sin su espalda inmensa hubiera tenido que irse mucho antes ante semejante escenario. Pero Gallardo resistió hasta la noche del lunes sólo por la historia y el aura ganadora que tuvo detrás. En verdad, su ciclo quedó concluido después de la eliminación ante Palmeiras en los cuartos de final de la Copa Libertadores del año pasado. 

Todo lo vino después resultó una larga agonía en la que Gallardo terminó entrampado por una confusión que le impidió tomar las mejores decisiones. Hasta llegar a este punto al que se llegó.

Gallardo sabía que no había mañana después de la próxima derrota. Y prefirió reducir los daños y despedirse después de haber comprobado, el domingo por la noche en Liniers, que sus viejos fuegos se habían apagado. Y que ya no había mas fuerzas ni convicción para seguir insistiendo. Mucho más en la derrota.  

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