Messi inmóvil, sentado en el campo de juego como los chicos con las piernas flexionadas, pies juntos y cabeza agachada observaba en silencio, su imagen parecía vacía cuando habían transcurrido pocos minutos de la derrota y recién empezaba a asimilar la derrota contra España en la final.
No había nadie alrededor. Escogió la soledad para atravesar el dolor inmediato. Fueron varios los minutos en los que el capitán se mantuvo nada más que consigo mismo, mientras sus compañeros lloraban desparramados por la cancha y España celebraba el triunfo.
El subcampeonato del mundo logrado por el seleccionado argentino el domingo último, ratifica el rumbo correcto que se tomó desde 2018, para poder encausar una estructura que estaba bastante desvencijada. La inestabilidad no era sólo deportiva sino también institucional.
La chance de coronarse de manera consecutiva en una Copa del Mundo estuvo cerca en los números, para igualar lo hecho por Brasil en 1958 y 1962 aunque la distancia futbolística con los españoles fue enorme
Elegimos la crónica de Adrián De Benedictis en Página 12para reseñar el encuentro: La sorpresa que se instaló en el estadio MetLife se dio en el mismo momento que comenzó el partido, por la postura que adquirió el campeón hasta ese día. El técnico Lionel Scaloni había anticipado en la conferencia de prensa del viernes que el plantel intentaría “tener el control de la pelota. Como sabemos que España se caracteriza por la posesión, trataremos de que eso no suceda”. Las palabras del director técnico no coincidieron con lo que buscó el equipo en el campo de juego.
Argentina decidió todo lo contrario en el partido, y decidió jugar sin ella, con los riesgos que eso implicaba. La causa se entiende con los nombres que comenzaron jugando la final, debido a que los mediocampistas no cumplían esas condiciones.
Rodrigo De Paul se movió por la derecha, Enzo Fernández por el centro, y Nicolás González por la izquierda. Los tres no poseen características para controlarla, retenerla y poder triangular con otros compañeros. El primero y González ofrecen despliegue y sacrificio para atacar y defender en la misma proporción. Fernández provoca desequilibrio cuando juega más adelantado, en la misma línea que Mac Allister. De esa manera, su ubicación no lo favoreció y fue superado por los volantes españoles.
El plan de Scaloni se empezó a desvanecer desde temprano, y la consecuencia fue que España tuvo la iniciativa del encuentro los 120 minutos. El entrenador interpretó que esos hombres podían tener el dominio en esa zona, y a partir de ahí adueñarse de las acciones. Los que ingresaron más tarde en ese sector (Paredes y Simeone) tampoco cumplían las características de tenencia: el de Boca es especialista en trasladarla a lo ancho, y también habilitar de manera vertical. El segundo tiene las mismas características que De Paul. Por ello, Rodrigo, Ruiz, Olmo y Baena tomaron el control del juego de inmediato, ante la pasividad de los rivales en la zona central.
La otra situación alarmante que se produjo fue la determinación de Argentina de ubicarse en su campo. La intención de recuperar la pelota en el terreno español no se dio en ningún momento, y Argentina eligió pararse en su terreno para a partir de ahí empezar a reaccionar. La meta no se pudo cumplir, en gran parte por la propia resolución de Argentina.
La actuación de Emiliano Martínez fue determinante para que la final no termine en goleada, y por ese motivo se estuvo cerca de llegar a la hazaña de los penales. Las situaciones inesperadas fueron tres: la lesión de los marcadores centrales y la expulsión de Fernández. El entrenador tuvo que introducir futbolistas que tal vez no hubieran participado.
Lo llamativo fue que los que cumplían funciones a la idea de Scaloni para contrarrestar a los europeos, no estuvieron en consideración en ningún momento. Los jóvenes que integraron la delegación y se apoyan en el control de la pelota fueron espectadores como Lo Celso, Barco, Paz y Almada.
El técnico de España, Luis De La Fuente, no tuvo temor en hacer ingresar a jóvenes como Torres, Merino, Pedri y Williams en una final de mundo. La decisión estaba respaldada por el convencimiento.
Argentina sostuvo a nombres que le dieron la gloria en Qatar hace tres años y medio, y se quedó con la incógnita acerca de si era el instante justo para que los más chicos puedan resolver lo que era solo un problema futbolístico.
