La tarde caía con una luz tenue, casi reverencial, como si el propio cielo acompañara el tono de la ceremonia. En el predio Cantilo del Club Atlético River Plate -un espacio atravesado por capas de historia- se inauguraron los pilares de Memoria, Verdad y Justicia, en un acto cargado de emoción, silencios densos y palabras que buscaron, una vez más, nombrar lo innombrable.
Donde alguna vez funcionó el campo de deportes de la ESMA, hoy resignificado como territorio de memoria, se levantan estos tres pilares que no son solo estructuras físicas, sino marcas persistentes en el tiempo. Son señales que interpelan, que obligan a mirar hacia atrás sin apartar la vista, y que insisten en la necesidad de sostener el recuerdo como una práctica colectiva.
La ceremonia reunió a sobrevivientes, familiares de víctimas, dirigentes del club, organismos de derechos humanos y socios que se acercaron con respeto. No hubo estridencias. Hubo, en cambio, una sobriedad que permitió que cada palabra encontrara su peso justo. Los discursos, lejos de la grandilocuencia, apelaron a la memoria activa, a la responsabilidad intergeneracional y al rol de las instituciones en la construcción de una sociedad más justa.
Uno de los momentos más significativos fue cuando se descubrieron los pilares. El aplauso, contenido al principio, se volvió sostenido, como un latido común. Algunos se abrazaron. Otros permanecieron en silencio, con la mirada fija en las estructuras recién inauguradas, como si en ellas pudieran reconocerse fragmentos de historias personales y colectivas. Cabe destacar que River Plate registra, hasta el momento, un total de 15 socios desaparecidos durante la última dictadura.
Resulta fundamental que una institución deportiva de enorme peso simbólico amplifique el alcance del mensaje: la memoria no pertenece únicamente a ciertos espacios o actores, sino que debe ser sostenida por toda la sociedad.
Al finalizar el acto, mientras el sol terminaba de esconderse, los pilares quedaron en pie, firmes, silenciosos. No dicen todo, pero dicen lo suficiente. Están ahí para recordar que hubo un tiempo de horror, pero también para afirmar que la memoria, cuando se construye colectivamente, puede convertirse en una forma de justicia.

