El Millonario fue muy superior a Independiente ni bien se acomodó en el partido. No hizo pie enseguida. Es más, El Rojo tuvo dos chances claras de gol antes de que Rogelio le rompiera el arco al juvenil Rodríguez tras una gran palomita a los 41 minutos del primer tiempo.
River fue tímidamente en el primer tiempo abriéndose camino. Con el 4-3-1-2 de Ramón, La Banda empezó a tomar confianza con la pelota y fue dejando de tirar pelotazos y centros sin ton ni son (recuerdos nefastos de una etapa muy cercana) y al serenarse encontró al chico Tomás Martínez. El conductor. Un pibe que juega simple, que demostró que su zurda puede ser letal como por ejemplo para ponerle un gran centro a Funez Mori para estampar el primer gol. ¿Eso sólo? No. Tiene gambeta ofensiva, es atrevido y tirado a la izquierda, asociándose con su homónimo lateral le causó graves problemas a los defensores del Rojo.
Como por ejemplo cuando en la segunda parte, calcó la jugada del primer tanto Millonario y bajo su propio copyright le sirvió otra vez el segundo gol a Rogelio. Su cabezazo se fue apenas desviado.
En el complemento, con el resultado a favor, River le ganó la contra a Independiente y en una de ellas, cuando el Rojo ya jugaba con diez por expulsión de Vallés, Affranchino combinó con Keko Villalva que desbordó y le sirvió el segundo gol al cuestionado Rogelio que no tuvo más que empujarla con un testarazo.
Ahí se terminó el partido. River dio una lección de cómo sacarle la pelota al rival y hacerla circular. Fue merecido ganador y se basó en las sólidas tareas de Chichizola (firme y seguro), Martínez (bien en la marca y en la proyección), Acevedo en la distribución bien acompañado por Affranchino y Rojas por las bandas.
Dicen que cuando sonó el silbato final del árbitro, Ramón giró y encontró dos hojitas con un número troquelado en la parte superior de ellas. Sonrió y cayó en la cuenta en que su equipo con lo que brindó en el campo esta noche empezó a reconocerse con su historia. La del pase al compañero, simple, y por abajo. La de la sencillez del pibe Tomás Martínez. Otro acierto de Ramón.
Pero falta. El tiempo dirá si son sólo esas hojas o es el DNI entero con las tapas verdes sólidas y cocidas a mano. Este fue el puntapié inicial. Como cuando uno dio por perdido un documento y en el verano lo reencuentra cuando sube la ropa de invierno y rehabilita la de temporada estival. Así será para Ramón Díaz y sus colaboradores. Así deberá ser para este plantel y los que lleguen. Se tratará de recuperar la identidad. Nada más, ni nada menos.
por Juan Pablo Carnevale para Puntos de Vista


