por Facundo Adamoli
Fue un desahogo para el técnico. Fue un desahogo para los jugadores. También se desahogó el hincha. El primero tiempo, al igual que contra Colón, los de Ramón Díaz jugaron con la cabeza en el arco rival aunque sin suerte.
Parecía la misma historia de siempre. Tigre salió a defenderse y los fantasmas de sufrir los goles que no lograban capitalizarse merodeaban la cabeza de los simpatizantes. Pero los pibes dijeron presente en el Monumental, y con un segundo tiempo arrollador River venció 3 a 0 a Tigre por la 6ta fecha del Torneo Inicial.
Los resultados no se daban y el juego tampoco era el esperado desde el inicio del semestre. Las lecciones de los partidos ante San Lorenzo habían dejado una imagen pálida del equipo en cuanto a su producción futbolística pero una buena calificación en actitud. La luz de esperanza estaba en solo una variable: aún estaba Ramón.
La virtud de la paciencia fue tal vez la llave hacia la victoria. El partido prometía ser una calcografía del partido ante Colón. Sin renunciar a la convicción de jugar en ofensiva, el millonario salió nuevamente a atacar a Tigre, ignorando la remota posibilidad de sufrir una caída en el arco propio.
Con la frescura de los más chicos, River logró abrir el partido. El equipo de Ramón venía con un desgaste importante luego del partido contra San Lorenzo y fue a través de la energía de los juveniles donde encontró el aire para abrir el marcador.
Lanzini, el diez que tal vez no aporte pausa pero si cambio de ritmo, tomó la pelota para marcar el 1 a 0 luego de un dribbling espectacular.
River construyó el 3 a 0 a partir de los pibes de la cantera. Lanzini aportando su necesario cambio de ritmo, Andrada recibiendo de espaldas y pivoteando para hacer circular la pelota en ofensiva y Simeone para aportar su cuota goleadora. Lazini, la figura inexpugnable del partido, vuelve a demostrar que su versión más explosiva es la que más aporta al funcionamiento colectivo. Federico Andrada por su parte, también demostró que puede ser un delantero que no necesariamente necesite vivir del gol si sigue aportando en la creación del equipo en ofensiva.
En la semana Ramón se comparó a Mourinho para explicar el desempeño del equipo en ambos partidos de la Sudamericana. Tal vez la esencia de River no sea la del portugués, pero ante Tigre, Ramón paró un equipo que presionó mucho arriba y asfixió con garra y actitud en el medio.
Esa agresividad en la marca logró plasmarse arriba en la cancha y fue eso lo que logró desarticular el cerrojo defensivo de los de Victoria. Sea al estilo Mourinho o al estilo Guardiola, River mejoró muchísimo su imagen colectiva y eso se debió principalmente a dos cosas: la paciencia del equipo (no tanto de la gente) y la presión del equipo tanto en el medio como en la salida del rival. Esta versión solidaria de River se anima a quitar y también a jugar.
River debe acostumbrarse a que para pelear ambos torneos, no siempre presentará el mismo equipo. La única forma para el éxito es apostar a una misma idea o concepto a la hora de salir a jugar. Si los de Ramón incorporan ese estilo, no importarán los intérpretes sino la filosofía a través de la que se desea conseguir los tres puntos. Este proyecto de juego debutó con tres goles. Nada mal para ser River…
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