Gallardo le comunicó a los dirigentes de River que ya no continuará como director técnico del club. La decisión llega después de la derrota frente a Vélez y la postura de irse de Liniers sin hablar. Tenía contrato hasta diciembre, pero ante los malos resultados y el flojo rendimiento del equipo en el inicio de la temporada, se decantó por cerrar su segundo ciclo en la institución, que comenzó a mediados de 2024.
Hace unos días, tras eliminar a Ciudad de Bolívar de la Copa Argentina en San Luis, había manifestado estar convencido de poder revertir la situación y que todavía contaba con herramientas para lograrlo. Sin embargo, no había sido la única vez que se refería a su futuro como entrenador, ya que el Millonario viene en caída desde el segundo semestre del año pasado y hubo varios golpes que estuvieron cerca de derribarlo, pero en esos momentos prefirió quedarse.
“Todos en River, las tres patas, cuerpo tecnico, jugadores y dirigentes, estamos convencidos del rumbo para este año. Queremos que el equipo represente al hincha, tenemos mucho deseo de que ocurra, que vuelva a contagiarse del equipo, estamos en esa búsqueda”, había dicho. Las tres derrotas consecutivas por el Torneo Apertura fueron un mazazo y optó por anunciar su salida que no se da como todos esperaban, pero claramente era lo más sano que podía suceder.
Gallardo se va de River porque sintió que se quedó sin recursos y que ya no podía arreglar todo lo que se le había desarreglado. Por primera vez en sus dos ciclos en el club como director técnico, no tuvo más nada que decir. Por eso, quien el 5 de agosto de 2024 retornó al Monumental para repetir aquella grandeza de sus primer tiempo, ahora elige retirarse en voz baja y con una pretensión mucho más modesta: recibir un cálido aplauso a modo de despedida.
El problema no pasó por las tres caídas consecutivas ante Tigre, Argentinos y Vélez. Viene de mucho más lejos. Desde que volvió al club, Gallardo no tuvo ningún acierto. O al menos, nunca se le dieron los resultados. Jamás consiguió que sus equipos se hicieran respetar.
En esta seguidilla de frustraciones, su responsabilidad siempre quedó dibujada con trazos muy nítidos. No sólo porque fue él quien eligió los jugadores y definió los planteos para cada partido sino porque además, tuvo la última palabra del fútbol riverplatense. Para volver a River, Gallardo exigió el poder total. Y los presidentes Jorge Brito y Stéfano Cozza Di Carlo, se lo concedieron. Fue Gallardo quien dispuso las altas y bajas del plantel. Si River invirtió en refuerzos casi 80 millones de euros en los cuatro últimos mercados de pases y dio de baja dos docenas de jugadores y una decena de juveniles fue porque así lo dispuso Gallardo. Nadie más que él.
Sin embargo, su River jamás arrancó. Quedó dicho alguna vez pero ahora vale la pena reiterarlo: lo viejo no funcionó y lo nuevo, tampoco. Ninguno de los futbolistas a los que les prometió un destino triunfal y les pagó contratos a valor europeo, le dieron un salto de calidad. A ninguno lo pudo mejorar. Como manager se encaprichó con algunas contrataciones. Como técnico, no transmitió nada.
Todo lo que jugó en estos dos años (torneos Apertura y Clausura, Mundial de Clubes, Copa Libertadores y Copa Argentina) lo perdió. Y las tres derrotas de 2026 (doce en los últimos veinte partidos) han dejado al equipo por ahora fuera de los ocho primeros de su zona. Lo que equivale a decir que si los playoffs del Apertura comenzaran esta semana, River los estaría mirando desde afuera.
Cualquier otro entrenador sin su espalda inmensa hubiera tenido que irse mucho antes ante semejante escenario. Pero Gallardo resistió hasta la noche del lunes sólo por la historia y el aura ganadora que tuvo detrás. En verdad, su ciclo quedó concluido después de la eliminación ante Palmeiras en los cuartos de final de la Copa Libertadores del año pasado. Todo lo vino después resultó una larga agonía en la que Gallardo terminó entrampado por una confusión que le impidió tomar las mejores decisiones. Hasta llegar a este punto al que se llegó.
Gallardo sabía que no había mañana después de la próxima derrota. Y prefirió reducir los daños y despedirse después de haber comprobado, el domingo por la noche en Liniers, que sus viejos fuegos se habían apagado. Y que ya no había mas fuerzas ni convicción para seguir insistiendo. Mucho más en la derrota.
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Gallardo le comunicó a los dirigentes de River que ya no continuará como director técnico del club. La decisión llega después de la derrota frente a Vélez y la postura de irse de Liniers sin hablar. Tenía contrato hasta diciembre, pero ante los malos resultados y el flojo rendimiento del equipo en el inicio de la temporada, se decantó por cerrar su segundo ciclo en la institución, que comenzó a mediados de 2024.
Hace unos días, tras eliminar a Ciudad de Bolívar de la Copa Argentina en San Luis, había manifestado estar convencido de poder revertir la situación y que todavía contaba con herramientas para lograrlo. Sin embargo, no había sido la única vez que se refería a su futuro como entrenador, ya que el Millonario viene en caída desde el segundo semestre del año pasado y hubo varios golpes que estuvieron cerca de derribarlo, pero en esos momentos prefirió quedarse.
“Todos en River, las tres patas, cuerpo tecnico, jugadores y dirigentes, estamos convencidos del rumbo para este año. Queremos que el equipo represente al hincha, tenemos mucho deseo de que ocurra, que vuelva a contagiarse del equipo, estamos en esa búsqueda”, había dicho. Las tres derrotas consecutivas por el Torneo Apertura fueron un mazazo y optó por anunciar su salida que no se da como todos esperaban, pero claramente era lo más sano que podía suceder.
LPM
Gallardo se va de River porque sintió que se quedó sin recursos y que ya no podía arreglar todo lo que se le había desarreglado. Por primera vez en sus dos ciclos en el club como director técnico, no tuvo más nada que decir. Por eso, quien el 5 de agosto de 2024 retornó al Monumental para repetir aquella grandeza de sus primer tiempo, ahora elige retirarse en voz baja y con una pretensión mucho más modesta: recibir un cálido aplauso a modo de despedida.
El problema no pasó por las tres caídas consecutivas ante Tigre, Argentinos y Vélez. Viene de mucho más lejos. Desde que volvió al club, Gallardo no tuvo ningún acierto. O al menos, nunca se le dieron los resultados. Jamás consiguió que sus equipos se hicieran respetar.
En esta seguidilla de frustraciones, su responsabilidad siempre quedó dibujada con trazos muy nítidos. No sólo porque fue él quien eligió los jugadores y definió los planteos para cada partido sino porque además, tuvo la última palabra del fútbol riverplatense. Para volver a River, Gallardo exigió el poder total. Y los presidentes Jorge Brito y Stéfano Cozza Di Carlo, se lo concedieron. Fue Gallardo quien dispuso las altas y bajas del plantel. Si River invirtió en refuerzos casi 80 millones de euros en los cuatro últimos mercados de pases y dio de baja dos docenas de jugadores y una decena de juveniles fue porque así lo dispuso Gallardo. Nadie más que él.
Sin embargo, su River jamás arrancó. Quedó dicho alguna vez pero ahora vale la pena reiterarlo: lo viejo no funcionó y lo nuevo, tampoco. Ninguno de los futbolistas a los que les prometió un destino triunfal y les pagó contratos a valor europeo, le dieron un salto de calidad. A ninguno lo pudo mejorar. Como manager se encaprichó con algunas contrataciones. Como técnico, no transmitió nada.
Todo lo que jugó en estos dos años (torneos Apertura y Clausura, Mundial de Clubes, Copa Libertadores y Copa Argentina) lo perdió. Y las tres derrotas de 2026 (doce en los últimos veinte partidos) han dejado al equipo por ahora fuera de los ocho primeros de su zona. Lo que equivale a decir que si los playoffs del Apertura comenzaran esta semana, River los estaría mirando desde afuera.
Cualquier otro entrenador sin su espalda inmensa hubiera tenido que irse mucho antes ante semejante escenario. Pero Gallardo resistió hasta la noche del lunes sólo por la historia y el aura ganadora que tuvo detrás. En verdad, su ciclo quedó concluido después de la eliminación ante Palmeiras en los cuartos de final de la Copa Libertadores del año pasado. Todo lo vino después resultó una larga agonía en la que Gallardo terminó entrampado por una confusión que le impidió tomar las mejores decisiones. Hasta llegar a este punto al que se llegó.
Gallardo sabía que no había mañana después de la próxima derrota. Y prefirió reducir los daños y despedirse después de haber comprobado, el domingo por la noche en Liniers, que sus viejos fuegos se habían apagado. Y que ya no había mas fuerzas ni convicción para seguir insistiendo. Mucho más en la derrota.
Página 12
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